martes, 14 de mayo de 2013

Más que un sueño.


Éramos unos niños, agitados, entre el descontrol del sueño. Recuerdo que pretendía dormir temprano para volver a jugar con él, aquél infante de cabello castaño, delgado, inclusive más que yo. Acariciábamos nuestras mejillas y reíamos por todo, ¡hasta de nuestros nombres!; adorábamos un auto de plástico que mi padre me había regalado unos meses atrás, en el jugábamos día y noche, bueno, especialmente en el día.
Nos vimos crecer, compartíamos cada vivencia y comentábamos acerca del cambio en nuestros cuerpos-en mayor parte él-, en contraste a esto, íbamos teniendo gustos distintos. Llegaron ocasiones en las que discutimos y nos distanciamos noches continuas, sin embargo, volvimos a vernos.
Conforme pasaban los años me gustaba más, ¡demasiado!, y le conté a mi madre, ella me tomó a loca-son sólo sueños, regresa a la realidad, comentó-y lo que sucedía era que sí, eran sueños, pero lo sentía tan cerca de mí, tan propio, y sabía que lo iba a encontrar. Tenía un diario de sueños y en éstos analizaba cada experiencia a su lado, me encantaba, de hecho, estaba enamorada de algo que ni siquiera había palpado en esta realidad.
Las noches que procuraba dormitar para observarlo, me eran difíciles, los sueños lúcidos ya no tenía cavidad en mi mente. Me resigné a que nunca podría encontrarlo, así que continué con mi vida, hasta que un día lo sentí más cerca, estaba dentro de un joven, con las mismas características y las mismas palabras. Éste era el primo de un amigo, residía en el norte del país. Comenzamos a conversar, y algo me decía: es él.
Después de un tiempo de incertidumbre, estaba segura de que aquél hombre de piel de luna, era mi dulce amado, pero él no estaba enterado y no quería asustarlo.
Durante todo un año nos escribimos a través de correspondencia, en cada carta olía su aroma, imaginaba sus ojos, la respuesta de mi cuerpo ante sus manos y su alma en cada beso. Pasamos de todo: tristezas, alegrías, y en especial, crecimiento. Los últimos meses ya no lo encontré entre mis sueños y eso me espantó, también dejamos de hablar y sentía el vacío más fuerte que ayer, entonces mi muerte era cercana, así lo vociferé.
Ayer, después de meses y años de palparlo entre el viento, lo vi, fue más dulce que un ave durante el primer vuelo, verdaderamente fantástico. Me tocó y fue como si la vida no tuviera momentos grises: era feliz.  Hicimos el amor y pasamos los siguientes días juntos, además de contarnos y compartirle nuestra vida en pensamientos.
Finalmente, hoy, después de años a su lado, en este mundo, me he enterado de que tendremos un hijo, y la noticia nos ha dejado anonadados. Mirándonos a los ojos y hablando de esto nos dijimos: el fruto del amor se contemplará en un ser nuevo. Después de amarnos, nos dirigimos hacia el futuro incierto, ya sin miedo.  

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