martes, 14 de mayo de 2013

También ellos.



Ella avienta su cigarrillo por la ventana, en contraparte, aquél hombre le vocifera: “ten precaución”. Tanto el uno como el otro se observan bajo un foco que proyecta una limitada luz. La habitación es pequeña, pero fresca, la cama es su delirio de cada mañana, no sólo por el acto sexual; escriben, se besan, recitan poesía, escuchan sus discos favoritos, y todo sobre ella.
La dama acaricia el cabello del varón, lo siente entre sus dedos y cree saber todo de él con ese ligero contacto.Despierta, mueve su cabeza a un costado de sus piernas, él adora dormir sobre ellas, para después besarlas, rozarlas como quien se espina para sentir no sólo la flor. Malena requiere de un té y va por éste, Caleb asoma su cabeza por la ventana y suelta un suspiro.
Culminan la noche entre abrazos, teniendo esa mirada inconsciente hacia el cielo, con la esperanza de verse nuevamente al siguiente día, ardiendo de amor, con el alma feliz.

Más que un sueño.


Éramos unos niños, agitados, entre el descontrol del sueño. Recuerdo que pretendía dormir temprano para volver a jugar con él, aquél infante de cabello castaño, delgado, inclusive más que yo. Acariciábamos nuestras mejillas y reíamos por todo, ¡hasta de nuestros nombres!; adorábamos un auto de plástico que mi padre me había regalado unos meses atrás, en el jugábamos día y noche, bueno, especialmente en el día.
Nos vimos crecer, compartíamos cada vivencia y comentábamos acerca del cambio en nuestros cuerpos-en mayor parte él-, en contraste a esto, íbamos teniendo gustos distintos. Llegaron ocasiones en las que discutimos y nos distanciamos noches continuas, sin embargo, volvimos a vernos.
Conforme pasaban los años me gustaba más, ¡demasiado!, y le conté a mi madre, ella me tomó a loca-son sólo sueños, regresa a la realidad, comentó-y lo que sucedía era que sí, eran sueños, pero lo sentía tan cerca de mí, tan propio, y sabía que lo iba a encontrar. Tenía un diario de sueños y en éstos analizaba cada experiencia a su lado, me encantaba, de hecho, estaba enamorada de algo que ni siquiera había palpado en esta realidad.
Las noches que procuraba dormitar para observarlo, me eran difíciles, los sueños lúcidos ya no tenía cavidad en mi mente. Me resigné a que nunca podría encontrarlo, así que continué con mi vida, hasta que un día lo sentí más cerca, estaba dentro de un joven, con las mismas características y las mismas palabras. Éste era el primo de un amigo, residía en el norte del país. Comenzamos a conversar, y algo me decía: es él.
Después de un tiempo de incertidumbre, estaba segura de que aquél hombre de piel de luna, era mi dulce amado, pero él no estaba enterado y no quería asustarlo.
Durante todo un año nos escribimos a través de correspondencia, en cada carta olía su aroma, imaginaba sus ojos, la respuesta de mi cuerpo ante sus manos y su alma en cada beso. Pasamos de todo: tristezas, alegrías, y en especial, crecimiento. Los últimos meses ya no lo encontré entre mis sueños y eso me espantó, también dejamos de hablar y sentía el vacío más fuerte que ayer, entonces mi muerte era cercana, así lo vociferé.
Ayer, después de meses y años de palparlo entre el viento, lo vi, fue más dulce que un ave durante el primer vuelo, verdaderamente fantástico. Me tocó y fue como si la vida no tuviera momentos grises: era feliz.  Hicimos el amor y pasamos los siguientes días juntos, además de contarnos y compartirle nuestra vida en pensamientos.
Finalmente, hoy, después de años a su lado, en este mundo, me he enterado de que tendremos un hijo, y la noticia nos ha dejado anonadados. Mirándonos a los ojos y hablando de esto nos dijimos: el fruto del amor se contemplará en un ser nuevo. Después de amarnos, nos dirigimos hacia el futuro incierto, ya sin miedo.