domingo, 29 de abril de 2012



“Mi querido Fer”
Recuerdo el primer latir de mi alma, el segundo más perfecto.
Como la luna tu piel es, blanca y misteriosa, solo tú sabes
que encontrarás sobre todo tu pie. Risas y más risas, son las
que he compartido en pequeños contratiempos, y si bien
el tiempo es poco, existe un conocimiento secreto.
Amistad compartida, pensamientos similares, sueños
en los cuales tuviste que entrar.
Nunca me has dejado en quebranto, intentas encender
la misma chispa, así como las finas arrugas de tus ojos,
ligeras y con la misma caricia.
El verde te queda bien, o tal vez el negro, o mejor
todo el cielo. Confieso y entiendo que tu voz es mi preferida.
El hemisferio lunar de mi cabeza desea que viajes en él,
conociendo toda imperfección que atraviesa su camino,
cantando al compás como mi preciado amigo.
Ojos veraces, misteriosos y placenteros, que
cubrirían sin lugar a duda todo deseo.
Fernando, nombre muy conocido, el cual lo porta
aquél hombre singular, que habla sin pensar si quiera
en despertar.


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