Te diviso,
nuevamente, con ese gesto que atraviesa mi orgullo
y enciende todo
recuerdo dentro.
Escucho tu voz,
incitándome a aventuras inefables y controlando
mi miedo, con un beso
en la mejilla.
Y tu sonrisa, ella,
mi favorita, crece y se vuelve perenne. Es como
si hubiésemos terminado
algo que no queríamos, sin embargo,
nos dejó satisfechos.
No puedo expresar
todo lo que me provoca tu fotografía, tus ojos,
las invisibles
caricias. Y es así, hoy no puedo, o mejor dicho, no quiero,
expresar todo lo que
me provocó tu vida.
