sábado, 21 de septiembre de 2013

Aquello que he visto

Te diviso, nuevamente, con ese gesto que atraviesa mi orgullo
y enciende todo recuerdo dentro.
Escucho tu voz, incitándome a aventuras inefables y controlando
mi miedo, con un beso en la mejilla.
Y tu sonrisa, ella, mi favorita, crece y se vuelve perenne. Es como
si hubiésemos terminado algo que no queríamos, sin embargo,
nos dejó satisfechos.
No puedo expresar todo lo que me provoca tu fotografía, tus ojos,
las invisibles caricias. Y es así, hoy no puedo, o mejor dicho, no quiero,
expresar todo lo que me provocó tu vida.