lunes, 1 de abril de 2013

Entre dos...



Qué irónica esa manera, en donde me dijiste
adiós sin levantar la cara.
Planteamos un fabuloso mundo feliz,
en el cual ninguno de los dos salía herido.
Tu amabas tu interior, y yo me dedicaba
a observarte entre la niebla efímera.
Prometiste, fue lo que más escuché.
 Los oídos también se cansan de tanta mierda.
Reímos ante el enamoramiento idealizado,
nos escabullimos entre el cuerpo de aquél
monstruo paralizado.
Después de leernos entre lo somero del alma,
nos cansamos, y así comenzó nuestra felicidad.
Siendo libres.